sábado, 10 de diciembre de 2011

Mal uso de poder.

Ego era su nombre y de apellido Egoismo.
De planes tenía, hacer una gran fiesta e invitar
a sus conocidos. Su lista, larga, muy larga. Pues
de intención tenía llenarlos de rabia y de envidia.
Para tal acontecimiento, empezaron los movimientos
lustres de candeleros, vajillas de oro y plata, y, porcelanas
de la China. Manteles bordados y de encajes puntillas. Cortinas
púrpuras de terciopelos, espejos, mármoles y cristales con destellos
de luces y colores.

Ego era su nombre y de apellido Egoismo,
su lista larga muy larga. Sus más próximos eran
vanidad, arrogancia y soberbia. Agresión, cólera,
también frustración y dolor. Para no perder la ocasión,
al amor, felicidad, alegría, en fin una lista larga muy larga.
Llego, pues, el día de dicha celebración, todo reluciente estaba,
esperando la ocasión a invitados enseñar su mansión. Pasaron
segundos, minutos y horas y los invitados no hicieron su aparición.
Así, quedó desolado y humillado por tal denigrante accion.

Cuentan por ahí,...que luego de tal sufriente dolor, Ego Egoismo
aprendió su lección y qué luego se volvió Compasivo, Generoso y
Amigo.

El poder, un bien tan preciado y codiciado que acaba consumiendo a quién lo posee, por esa ventaja que le ha otorgado la vida. ¿Cuántos ejemplos de poder hemos visto? ¿Cuántas clases de Historia en las que se ha demostrado que el poder es una virtud que acaba controlando a quién lo tiene?

Alejandro Magno.

Un ejemplo de poder fue Alejandro Magno, el Grande. Con tan sólo veintidós años, al frente de todo un imperio, se alzó hacia una aventura legendaria, la conquista de la antigua Persia, gobernada por el imponente Dario III. El objetivo de este joven guerrero era el de unir culturas, aprender y dar libertad a aquellas ciudades que se sentían asediadas por el imperio persa. Hasta la India llegó. Fue tal su ambición, que no conoció límites. Fundó cerca de sesenta Alejandrías a lomos de su caballo Bucéfalo y en mano su imponente espada que cortó el “nudo gordiano”. 

El poder empezó a hacer mella en aquel guerrero, cuando vislumbró todo el desierto afgano y creyó que le pertenecía. ¿Como diferenciar el poder de la ambición y del egoísmo? Él no pudo, ni sus más allegados. Varios casamientos llevó a cabo por cuestiones políticas, cuando su único amor era su mejor amigo, Hefestión, quién conocía desde pequeño. Muy lejos no llegan aquellos que poseen tal poder, sea por su mal uso o por la avaricia. Y el poderoso Alejandro no fue menos, con treinta y dos años pereció. Una noche, tras una discusión insignificante, Clieto, su amigo y hermano de Lenice, su institutriz, fue asesinado por Alejandro por ser cuestionado sus métodos. Días después contrae una sospechosa fiebre, que acabó con su vida. ¿Falleció de una enfermedad o envenenado? Nunca se sabrá, se sospechó que fue el mismo Aristóteles quién envenenó al Grande.

El poder, ese arma de doble filo, que acompaña a aquel que lo reclama, siendo consumado por su propio egoísmo. Todos crecemos, nos desarrollamos, nos curtimos en las duras batallas de la vida para poder obtener algo de poder, el poder de elegir sobre nosotros. Suena a cuentos de Spider-man, pero es cierto, un poder conlleva una gran responsabilidad. Temor me da, porque no conozco a nadie que haya sido responsable con dicho poder. Encima, para poner más fácil las cosas, nuestra sociedad consumista ha adaptado el poder al ciudadano medio. Ejemplo de ello reside en el dinero. Todos creen o han creído en algún momento que el dinero da poder, sin saber que euro que acumulas en tu cartera, no sólo te permite comprarte cosas que antes no podías, sino que a cabalga sobre tu conciencia, arrastrándote al lodo de la avaricia.

Yo tengo claro que el poder no es ninguna virtud, porque trae consigo más problemas que ventajas. Ahora si, tal y como está construida nuestra sociedad occidental, no queda otro remedio que luchar por un pellizco de ese pastel, porque el que no tiene algo de poder, acabará siendo fustigado por el egoísmo, la avaricia y la desfachatez de quién si lo tiene. Crezco y según vaya haciéndolo, voy obteniendo más responsabilidades, no quiero acabar cayendo en el agujero negro que supone el dinero y su falso lema de poder. ¿Cómo evitarlo? No centrarse en un sólo objetivo. No querer conquistar nuestra particular Persia, sino intentar dosificar nuestras virtudes. Ofrecer amor, comprensión, amistad,… otras virtudes que se ven apoyadas por el poder, si lo administramos bien. Porque no se es poderoso por poseer más dinero, el que tiene un auténtico poder es aquel que domina sobre si mismo sin dañar a los demás. Si no controlas ese tipo de poder, caerás en el egoísmo. El egoísmo, a diferencia del amor propio (el auténtico poder humano), no siente amor hacia su persona, sino desprecio y que quiere todo para él o ella, porque se siente vacío. 




“No hay mejor poder que el poder amar"









2 comentarios:

  1. Entrada profunda, para pensar un poquito...
    Está claro que el Poder es algo muy grande, a mi no me gusta...pero también está claro, como bien dices, que hay que poseerlo un poco, al menos ese poder de control sobre uno mismo.

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  2. Entrada muy complicada de abordar, con una complejidad muy alta. El poder es casi un tabú para muchos. Espero que sea fructífero su lectura… el poder es terrible si cae en manos de personas incapaces de controlarlo.

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