“Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada” (Apocalipsis 6:4).
La guerra consiste en un conflicto entre dos o más grupos humanos de origen socio-político. Digamos que esta acción define perfectamente la naturaleza humana, ya que la guerra es una de las más antiguas relaciones entre personas, que ha definido los márgenes de las civilizaciones. Según pensadores de la altura de Aristóteles, la guerra sería un medio en vista de la paz como lo es la acción en vista del pensamiento.
“La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos."
¿Es la guerra un acto justo, lícito? Vaya pregunta para ser respondida... Si lo miramos bajo un prisma filosófico, la guerra puede ser lícita, ya que tenemos derecho a la autodefensa cuando se nos ataca de manera injusta. Sin ese derecho, se pondría en peligro la paz. ¿Que raro, no hay paz sin el derecho a la guerra? Parece que si, ambos términos se sujetan entre si. La guerra lleva a la paz y no habría paz sin el derecho a la guerra. Si dejamos el prisma filosófico y nos centramos en el ético, la cosa se pone seria. ¿Está aprobado un conflicto bélico bajo el techo de la ética? La ética dice que la guerra es aprobada si cumple una serie de requisitos; que la causa se una injusticia real y grave; que haya inviabilidad de la defensa pacífica; que existan perspectivas de éxito final; y que se pueda evitar un perjuicio a terceros inocentes. No seamos ingenuos, la defensa del bien público prevalece sobre cualquier derecho del agresor e incluso sobre los riesgos que puedan tener los propios súbditos agredidos.
“Inteligencia militar son dos términos contradictorios.”
¿Qué entendemos por guerra injusta, ilícita entonces? Pienso que la guerra no es una mera justificación, como bien define el párrafo anterior, la guerra tiene que cumplir unos requisitos filosóficos (derecho) y éticos. La matanza es injusta, ya que no se considera un derecho de defensa y no cumple ninguno de los requisitos éticos. Una invasión tampoco es un acto bélico lícito. Lo que ha hecho Estados Unidos, por ejemplo, con el pueblo iraquí, es un acto injustificable y penable por todas las normas sociopolíticas que podamos nombrar. Sin embargo, ahí entra el uso de poder, que ya definí en el post anterior. Invadir un país por sus recursos, engañando a la comunidad internacional con el tema de las armas de destrucción masiva, es un acto de salvajismo comparable con los documentales sobre el canibalismo. Si hablo de holocausto caníbal, tus pensamientos se atrofian al intentar entenderlo como algo éticamente comprensible, pero seguro que más de uno aprobó la invasión a Iraq. No habían armas de destrucción masiva, solamente un combustible por el cual han muerto miles de vidas, el petróleo. A pesar de que la definición de guerra justa sea tan antigua como el pensamiento lógico, hoy en día se le concede un premio Nobel a la paz al representante de un pueblo que ha cometido unas atrocidades equiparables con Atila.
“ Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino” (Mateo 24:6-7).
La leyenda contaba que bebían sangre humana, que con sus gritos arrancaban las almas a sus adversarios y que dormían sobre sus caballos a la luz de la luna. Con sus rostros llenos de cicatrices, tatuajes y desfigurados por los ritos de deformación craneal, estos jinetes fueron el rostro del diablo para sus oponentes. La caballería de Atila, rey de los hunos, arraso buena parte del continente europeo en el siglo V dejando un rastro de sangre y fuego. Su crueldad iría para siempre unida a su mito. Poseían ligeros y resistentes caballos con monturas de madera que les permitía un mayor equilibrio para la batalla, y tenían una gran habilidad en el manejo del arco galopando sobre sus caballos. Con la espada recta de hoja de doble filo y sus técnicas de combate eran invencibles en el cuerpo a cuerpo. Realizaban sus ataques en varias oleadas, en las primeras emitiendo chillidos terroríficos se acercaban a su rival para lanzar sus flechas y retirarse, cuando habían realizado el suficiente daño al enemigo venia la embestida final con la lucha cuerpo a cuerpo. Solo el gran general romano Aecio supo parar a estos formidables guerreros que se extinguieron con su caudillo, pero causaron tal terror en las numerosas campañas de Atila que la leyenda sobrevivió durante siglos.
Sus chillidos aún se escuchan hoy en los prados y montes de Transpadana.
“No sé con qué armas se luchará en la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la Cuarta Guerra Mundial; palos y mazas."
La guerra… al igual que la idea y el poder, comparte el privilegio de ser una acción humana. Nunca veremos una guerra ilícita entre animales que no posean esa capacidad de “conciencia” que nos atribuimos nosotros. He hablado de la guerra como un factor socio-político, con matices filosóficos, éticos e históricos, pero no he hablado de la guerra moral de uno mismo. Cuando los sentimientos se enfrentan entre si por un bien final, cuando nos corroe la duda, la inseguridad… estamos en guerra con nosotros mismos. El conflicto de ideas es algo indicativo de progreso, necesario y fructífero. No defiendo que estemos constantemente en guerra con nosotros mismos, solamente opino que juzgar, evaluar, criticar u observar nuestras actitudes y aptitudes con perseverancia nos hará crecer y lograr un objetivo grandioso, obtener la paz con uno mismo. Si empezamos por ahí, el concepto de guerra ilícita desaparecerá para siempre dentro del núcleo de la civilización.
“Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella.”
La guerra es necesaria para defenderte del agresor, sea externo o interno. Siempre es justificable su uso cuando tu integridad se ve perjudicada. Estamos en los principios de una, en nuestro país. Se llama de muchas formas, algunos la llaman primavera árabe, otros, Spanish Revolution, yo la llamo la lucha por la integridad social. Nos callan con mentiras, nos envenenan con promesas y nos asedian con ajustes políticos sin saber que la mayor arma la tenemos nosotros, el pueblo, la plegaria muda.
La lucha comienza en ti y terminará buscando la paz con los demás.

Tanto que batalla el hombre... y resulta que al final del camino se encuentra con que sólo ha luchado contra sí mismo...
ResponderEliminarEs nuestro principal enemigo… nosotros mismos… nuestros miedos, preocupaciones… son las flechas, los gritos, la caballería… que usa ese enemigo contra nuestro “progreso”… ¿Como vencerlo? Con una sonrisa, con fuerza, entusiasmo, ideas y sin ceder ni para coger impulso. El día que venzamos a ese enemigo, creo que Atila, Hitler, Dario… todos los grandes asediadores de la cultura y amor humano, habrán pasado a ser un mero recuerdo.
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