En Infierno blanco, Liam Neeson es el líder de un indisciplinado grupo de trabajadores de una refinería que sufre un accidente aéreo en las remotas montañas de Alaska. Expuestos a heridas mortales y las inclemencias del tiempo, estos personajes disponen de escasos días para llegar a zona civilizada o si no, morirán de hambre, frío o de las propias heridas causadas por el accidente. Y por si eso no fuera suficiente, deben de tratar de sobrevivir a una manada de lobos amenazantes y sanguinarios que perseguirán incansablemente a sus presas humanas.
Con esta propuesta, Joe Carnahan, director de El equipo A, Narc… quiere recuperar el subgénero de horror film que se daba por muerto. Su sencillez es elocuente, no destapa nada nuevo, ni pretende ofrecernos una aventura sin precedentes como Avatar, pero por extraño que parezca, sorprende y emociona. No se si es por la dramática situación que viven sus personajes, si es por la turbia vida que cuenta mediante flashbacks el formidable Liam Neeson, o el conjunto de todo, pero logra cautivar al espectador en todo momento.
El film empieza de una forma muy dramática, con el protagonista contando la triste vida que lleva como cazador de una compañía petrolífera y a su vez, manifestando añoranza por la mujer que dejó que se fuera de su lado (sin detallar nunca el motivo hasta el fin del largometraje). De esta manera, Neeson nos pone en vereda y prosigue con la escena del accidente y posteriores fotogramas llenas de acción, sangre y algún susto. Para terminar, Joe Carnahan decide, de manera sublime e inteligente, dejar de lado el drama-acción-aventura que acontece toda la cinta y darnos poesía pura y dura. Para ello emplea una cuarteta (“Un día más, mi última lucha… vivir o morir,...”) que a mí personalmente, me emocionó. Está claro que Liam Neeson es uno de esos actores que copa una película, ya sea por su altura o su talante como actor. Me recuerda al desaparecido Jeremy Irons.
En el terreno más técnico destacar el uso de la cámara que viene siendo ya una tónica que puso de moda Greengrass con Bourne legacy. Acertadísima ya que disimula el “horrible" aspecto que se le da a los lobos, que falla estrepitosamente el creador de las criaturas de The walking dead, y además, le da un aliciente más emotivo a la película. En cuanto fotografía, no es de méritos del director de fotografía, sino de la madre naturaleza, ya que Alaska es un paisaje tan bello como desolador. Primeros planos abusivos a Liam Neeson, por lo que nos da a entender que costó más el contratarlo que toda la película, pero logra darle talante a la cinta ya que el irlandés es un ACTORAZO que consigue meterte en el film con su mirada. Tampoco esperemos una escenografía rompedora, porque hay que tener en cuenta lo complicado que se hace rodar en la nieve, en ningún momento se rueda en interiores.
Conclusión: un largometraje que parece insípido tras ver el trailer pero que llega más a los corazones de nosotros que la estúpida invención de Martin Scorsese. Se nota que es de bajo coste, pero es tan efectiva que merece ser recordada como el intento de Carnahan & Neeson por recuperar ese subgénero que tanto anhelo causa en mí.
Nota: 8.5/10




Por lo que cuentas, la película promete hacerte sentir como si fuera en tus propias carnes, situaciones límites, y te obliga a plantearte hasta qué punto serías capaz de luchar por vivir..
ResponderEliminarQuizás no llegue tan lejos y sientas tan hondamente la película (depende de cada uno) pero para mí tiene una emoción que no todas las “grandes” películas de hoy llegan a transmitir. Eso si, es cierto que la película te propone la pregunta que has formulado ¿hasta dónde estarías dispuesta llegar por vivir?
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