domingo, 12 de febrero de 2012

Pieza a pieza, el amor del pez.

Se acerca San Valentín y con motivo del día de los enamorados (para mí son todos los días) voy a ofrecerles una deconstrucción del amor. Como todos sabrán, el corazón no es quién siente el amor, el amor consiste en una serie de estimulaciones neuronales producidas en el cerebro. La plenitud, el deseo de estar con la persona amada, aquello de que el amor es ciego… tienen mecanismos biológicos que se constatan en la actividad cerebral. Aún así, para aquellos Romeos y Julietas que creen fielmente en el romanticismo, aún existen muchos misterios sobre el amor, por ejemplo, por qué alguien se enamora de una y no de otra persona, aunque ya no es un misterio absoluto, porque para eso, la biología tiene sus fundamentos. Lo que está claro, es que ese angelito que va lanzando flechas de amor, tiene los días contados.



En todo lo que hacemos a diario, de todas las acciones, manías, conductas, actitudes, aptitudes… al menos el 50% se hace por descendencia genética, es decir, programación innata, el resto depende de factores culturales y sociales. De esta misma manera, está evidenciado que según la personalidad que tengas, eliges a alguien del mismo u otro tipo de personalidad. Según Helen Fisher, científica antropológica estadounidense, tras el amor, existe una serie de códigos bioquímicos que prosiguen un patrón. De tal manera, existen cuatro tipos de sistemas cerebrales, según la sustancia que más se segrega, y que estarían ligados a personalidades distintas y tendrían un papel fundamental en el enamoramiento.
1º Dopamina: las personas que producen mucha dopamina (neurotransmisor cerebral producido por la sustancia negra y liberada por el Hipotálamo), tienen una personalidad exploradora, curiosa, energética.
2º Serotonina: otro neurotransmisor (encargado de la inhibición de la ira, la agresión, temperatura corporal, el humor…) favorece a tener una personalidad de constructor, convencional, meticulosa.
3º Testosterona: las personas que producen mucha testosterona, usan la lógica, con gran decisión, son individuos que les gustan la ingeniería o las matemáticas.
4º Estrógenos u oxitocina: son personas negociadoras, imaginativas, compasivas, como sanitarios.
De esta manera, se ha comprobado que las personas que tienen una personalidad curiosa o una convencional tienden a enamorarse de alguien que sea como ellas; en cambio, quién tiene una personalidad donde domina la testosterona (ingenieros, matemáticos) tiende a sentirse atraída por personas con mayores niveles de estrógenos y viceversa.


Gracias a la neuroimagen, se ha descubierto que partes del cerebro se activan en todas las fases del amor. Hay diferentes sistemas cerebrales que se activan, por separado y compartiendo algunas áreas, para el sexo, el enamoramiento y el amor duradero. El deseo sexual se activa mediante la liberación de estrógenos y testosterona mediante el Hipotálamo y la amígdala. Es un mecanismo muy primario y no es tan coincidente con el amor como creemos. El amor, en su lugar, es sinónimo de placer ya que cuando nos enamoramos se activa el área ventral tagmental, región subcortical del cerebro, que es donde se produce dopamina, el neurotransmisor que rige el placer. Mediante resonancias magnéticas, se ha descubierto que al ver un enamorado la foto de su amor, se activa dicha zona, al igual que el de recompensa, intencionalidad, motivación para conseguir algo… todas son regidas por la misma área. De esta manera, echamos por tierra un fundamento del romanticismo, el amor no sigue los mismos parámetros cerebrales de las emociones (como la euforia), sino el de las motivaciones o necesidades. Aunque intervengan emociones como la euforia o la ansiedad, el amor es una necesidad, y como tal, está por debajo de los sistemas cognitivos y emocionales. Regula comportamientos de supervivencia como los que responde a la necesidad de comida o los que también se ha visto que actúan en un toxicómano ante el deseo de consumir cocaína. El amor, entonces, es un sistema primario de búsqueda de pareja.
¿Es el amor una necesidad estrechamente fisiológica?

A pesar de que a nivel neurofisiológico, el amor funcione igual para todos los seres humanos, es en las ramas sociales y culturales, donde existe las diferencias. El amor es igual en todas las culturas, lo único que en algunas, la pasión está mal vista, por ejemplo. En el caso del hombre y mujer, ocurre algo similar. A las mujeres y los hombres no les gusta lo mismo, ni actúan igual, aunque cuando se enamoren funcione el mismo mecanismo cerebral con pocas diferencias. En los hombres, por ejemplo, se ha visto más actividad en zonas del cerebro relacionadas con lo visual, y en mujeres, con los recuerdos. Si se reflexiona, durante milenios el hombre miraba a una mujer si le valía como pareja, mientras que la mujer muchas veces no podía ver a ese hombre; también el hombre es mayor consumidor de pornografía… Otra diferencia es que parece que las mujeres se enamoran más rápido, pero el hombre quiere ir a vivir juntos más rápido que la mujer… Hay diferencias a la hora de la elección de pareja, pero no sabemos cuánto las condicionan los factores psicosociales.


Aproximadamente desde hace 400.000 años, la necesidad de cortejar con fines reproductores meramente, pasó al olvido y comenzamos a creer que ese cortejo tenía un contexto social (ese cambio vino tras la costumbre que se inició al enterrar a los conocidos y familiares). En el caso del ser humano, el contexto social ha sido muy importante para que el amor consiga ser duradero. Está demostrado que la llama que inició la relación, con el paso del tiempo pierde intensidad. En ese momento, esa pasión da paso a ciertas costumbres con fuerte arraigo social, como el afecto, la compañía, intereses… que no dejan de ser amor. Es más, no creas que el amor pasional es eterno, ya que como diría Freud, si ese amor perduraba era signo de patología. A pesar de lo que Freud dijera, y lo que muchos estudios nos marcan, el amor duradero se lleva estudiando desde el 2009, es decir, desde hace a penas 3 años. Y para sorpresa de la ciencia y filosofía, la neuroimagen ha demostrado recientemente, que el amor duradero existe. Se ha hecho estudios en parejas con relaciones de más de 15 años y se ha revelado que se siguen activando las mismas áreas que se activan en el enamoramiento, e incluso, se vuelven partícipes nuevas áreas como la de la gratificación. La cosa no queda ahí, neurológicamene, todas las áreas relacionadas con el amor inicial, aumentan su intensidad en el amor duradero y se ven apoyadas por las nuevas áreas, por ejemplo, se activan ciertas áreas productoras de péptidos de oxitocina y vasopresina, que regulan los lazos afectivos intensos, la empatía, lo que se relaciona con el apego y el compromiso. Hay una actividad en el área de receptores opiáceos que funciona al tomar fármacos contra el dolor o la depresión, lo que explicaría que estas relaciones largas sean de bienestar y más calmadas. La oxitocina, llamada hormona el amor, se segrega en gran cantidad en el acto sexual y en el parto, momentos en los que se establece un lazo intenso con otra persona. Por ello, los mecanismos cerebrales del amor duradero coinciden en parte con los que se activan en el amor hacia los hijos.


A pesar de que la ciencia avanza a pasos agigantados con el amor, aún existen misterios inexplicables como ¿por qué a algunas parejas les van tan bien y a otras no? Puede ser porque hay personas que se enamoran por la personalidad de una manera intensa y otras porque hay un amor loco, se dan un chutazo bioquímico en el cerebro, se lanzan a la relación y luego les va mal. ¿por qué? Pues porque la gente cambia, pueden tener hijos, o uno u otro pueden perder el trabajo o hacerse adictos al alcohol… hay factores que pueden estresar una relación, muchas experiencias influirán más allá de la biología, y depende de cómo las gestionen. Para entender estos aspectos a los cuales, la ciencia aún no halla respuesta, actualmente, Arthur Aron (psicólogo social de la Universidad de Nueva York) está  estudiando la biología de caras negativas del amor, como el ansia o los celos (donde la oxitocina tiene un papel importante). Helen Fisher ha analizado el rechazo amoroso, como otra vía para entender el amor. Una investigación con personas que habían sido dejadas por sus parejas deparó paradojas como que al mostrarles las fotos de sus ex amados, se activaban en su cerebros las zonas que rigen el cálculo de riesgos, la del dolor, pero asimismo el sistema de recompensa del amor inicial, como si las personas se esforzaran aún más en conseguir a quién amaban. La antropóloga concluyó que se acentuaba todavía más la coincidencia con los mecanismos de las adicciones. ¿El desamor provoca adicción? Semir Zeki (profesor de Neurociencia de la universidad de Londres), analizó los circuitos biológicos del odio (que en el córtex y el subcórtex cerebral comparten actividad con los centros de decisión para actuar o la agresividad) y comprobó que, aun siendo engranajes diferentes a los del amor, había actividad común en algunas áreas (como las de los estímulos). Y la mayor diferencia que halló es que si bien ya había comprobado que en el amor baja la actividad en amplias áreas cerebrales ligadas al juicio y al razonamiento crítico, eso no ocurre en el odio, sino más bien al contrario, se activan.


Una cosa está clara, si algún día se conoce la fórmula química del amor (estamos muy cerca ya que sabemos sus reacciones bioquímicas), no se tardará en comercializar la píldora del amor. Es más, actualmente se comercializa una supuesta oxitocina, aunque no está probado sus efectos. A pesar de ello, el amor no es sólo bioquímica, no es sólo sobrestimulación neuronal, el amor, no lo olvidemos jamás, es una de las fuerzas que mueven el mundo, está en nuestro interior y es universal. Es un fenómeno común para todos los humanos, pero de diferentes repercusiones. En la evolución hay una selección natural y, al mismo tiempo actúa una selección cultural y social. La ciencia es terca para abarcar al amor. Un ejemplo:
En el 2008, se hizo un estudio con parejas estadounidenses de 18 a 46 años que indicó que las actitudes de un integrante de la pareja hacia el otro tienden a parecerse, pero también que todavía se nutren de estereotipos. Así, ellos exageraron y ellas subestimaron el temor de sus parejas al abandono, y lo mismo se constató al preguntar a los hombres por el deseo sexual de sus mujeres (era mayor de lo que ellos creían) y a ellas por el deseo de independencia de sus hombres (era menor de lo que ellas decían).
En mitad del océano, el pez rojo es el pez del amor. El rojo, color de la pasión, del coraje, del optimismo, aunque también puede expresar rabia. Todo en su justa medida.




“Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal” Friedrich Nietzsche 

2 comentarios:

  1. Dopamina y estrógenos. No digo más.
    Serotonina y testosterona...será por eso que me atrae.

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  2. Bueno, yo no se si estoy muy seguro de esa asociación, aunque la ciencia lo demuestra claramente. He de decir que la influencia social que pueda ejercer alguien, puede igualar la balanza muchísimo… a veces el raciocinio es predominante en una relación.

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