martes, 14 de febrero de 2012

A las puertas de…

Hoy escribo sin sentido, no por ser catorce del segundo mes del año dos mil doce, he decidido expresar lo que siento, es por desahogo ante tanto mal rollo que me rodea últimamente. Es por ello, como si de algo que me obligara, he decidido escribir hoy golpeando las teclas, con fuerza y ahínco, intentando expresar, sin preocuparme del orden de las cosas, solamente dejo fluir lo que llevo dentro. 
Es curioso este blog, porque en lo que escribo, siempre me pregunto que quiero hacer con mi vida. Algo que guarda en común cada post que hago, por muy diferentes que sean los temas que abarco, por muy distinto sea lo que expreso, siempre me pregunto ¿qué quiero hacer con mi vida? Mi situación actual, que algunos conocen, muchas son las posibles salidas las que tengo, pero no puedo cruzar esas puertas porque no veo satisfactorio seguir cruzando y cerrando puertas. Me paro y contemplo que todo tiene un sentido, negativo o positivo, pero todo tiene un porqué y la verdad, no me gustan todos esos porqués ya que no me encuentro feliz. Crezco, ya no sólo fisiológicamente, ya no es simplemente el estiramiento del cuello, de los brazos y piernas, crece mi corazón, crece mi espíritu, y mi capacidad de autocrítica y la verdad, es que si mi vida se tratase de una carrera, ahora mismo estaría renqueando y boqueando como un pez fuera del agua, porque no tengo oxígeno que logre nutrir mis tejidos. No me siento orgulloso de todo lo que he hecho, aunque no rechazo lo que he cometido pues camino andado, camino recorrido. Deseo, aspiro a que mi vida no se siga torciendo como una escalera de caracol, quiero proseguir en el nado por esos mares, sin encontrarme con tanta jauría suelta, quiero seguir volando entre las nubes y que el Sol, en lo más alto, me siga dando su calor. Soy universitario, camino a más título sin saber si padezco de titulitis universitaria, ya que los mercados son auténticas fieras indomables que engullen a sus trabajadores sin piedad, y miedo me da aventurarme y acabar en una zanja de la moralidad social. Aventuras y aventuras, pero no todas son de agrado. ¿Irse fuera? El mundo se está yendo a la mierda y no creo que irme a Barcelona, Madrid, Londres, París, Ginebra, Oslo, Estocolmo, Praga, Milán… resulten una salida útil. No sólo tengo problemas laborales, sino morales. ¿He hecho el bien? ¿Qué es el bien? Siempre he querido comerme el mundo a mi manera, es decir, no he querido ser Leonardo DiCaprio en lo alto del Titanic, me bastaba con ser el contramaestre de una lancha de dos motores, pero que la libertad a elegir, con un camino fijado, me dejase actuar. Ahora, ni libertad ni camino, ni personal, ni sentimental, ni laboral. ¿Qué me queda? ¿Esperar? ¿Qué espero? A que todo suceda, es a lo que creo que espero ya que cometo acciones que puedan devenir un futuro esperanzador, pero el futuro es caprichoso, como lo es el destino y yo, como una marioneta del tiempo, en el medio del huracán me encuentro.

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