lunes, 26 de diciembre de 2011

El tiempo que habito.

A las puertas del año dos mil doce nos encontramos. Atrás dejamos una infinidad de recuerdos, algunos para el olvido, otros para la eternidad y todos para aprender. Hago memoria de lo vivido, corto, pero intenso, y la verdad es que, aunque me dejara el que maneja el reloj de arena, no cambiaría lo acontecido por nada. No porque mi vida haya sido magnífica, tampoco ha sido ingrata, sino porque no conozco nada más que lo sucedido y experimentado, por ello no se que mejor vida podría llevar. 

Recuerdo lo que aspiraba de pequeño, ser director de cine decía, ni bombero, ni astronauta y muchísimo menos futbolista. No han pasado veinte años y aquí estoy, salvando vidas como forma de trabajo, acompañando a la muerte a quienes poco más se les puede hacer, asistiendo a la concepción del ser humano y cuidando a quién lo requiera. No dejo de pensar que mi sueño es llenar de experiencias visuales a través de una pantalla, el transportar a las personas a un mundo guiado, pero fantástico. Aún así, quizás mi trabajo actual resida un bien mayor. No lleno de fantasías a las personas, pero si les doy esperanza cuando lo demás falla, les reconforto de otra manera digamos. Y sinceramente, no lo cambio por nada, ha sido una elección muy gratificante. Cierto es que algo tendré que hacer con ese sueño que me persigue desde pequeño, por ello, mi salud acompañado del tiempo, me darán el apoyo que requiero.

Por delante me queda un futuro lleno de proyectos, de sueños aún por alcanzar, de lugares por los que visitar, de personas a las que querer y otras con la que aprender. Se que no será fácil el camino que me queda por recorrer, se que espinas en cada esquina, me acechan, que muros tendré que trepar, algunos atravesar, pero gracias a lo recogido por lo andado, armas no me faltarán para enfrentarme a las grandes encrucijadas de la vida. Se que algún día, la lección, en forma de temible enemigo, me tendré que enfrentar, con o sin armas, pero ante la carencia de estas, mis manos desnudas tendrán que bastar. Sangraré y lloraré, pero lo haré sabiendo que también reiré y amaré. No se disfruta sin sufrir, no se ama sin odiar y no se comprende sin ignorar.

Amar tendré que aprender otra vez, porque en veintitrés años no he amado a quién tengo que hacer, pero ¿cómo saber a quién amar sin intentarlo antes? En ello estoy y se que la encontraré. El cuando es una respuesta que el tiempo me dirá, a quién, el corazón dictará. Lo que si tengo claro es que mi mirada esconde la contraseña que ella abrirá y ella, en su dulce mirada, su contraseña yo descubriré. Una vez abierta ambas, nuestros corazones a expensas se quedarán y nuestra racionalidad, juntas tendrán que luchar contra los porvenires de la vida.


Un futuro fabuloso me espera, no por ello tengo ganas de avanzar, antes, quiero saborear y madurar lo que el presente me da y hoy por hoy, se que mi vida, la que me ha tocado vivir, lecciones no deja de dar. Se acaba el día y mañana empezará el primer día del resto de mi vida, al cual con energías me enfrentaré.


Un beso querido lector, has leído algo de mí.

No olvides recorrer la senda de tu vida con la mochila de la experiencia y sin dejar de mirar a tus sueños.

Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir.


3 comentarios:

  1. Explícame por qué no me deja indiferente, por qué en mis ojos asoman lágrimas tras leerte!


    K.

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  2. Porque bajo mis letras se esconde lágrimas. Algunas de alegría, otras de experiencias, no faltan las de sufrimiento, tampoco las de amor… No te deja indiferente porque la vida no es ni buena ni mala, es la perfecta sucesión de los pequeños momentos que te ha tocado vivir, que es exactamente lo que he expresado yo. Si esas lágrimas te han enojado, alegrado... respuestas yo no te podré dar, será el transcurrir del tiempo, cuando tú las descubras. Un abrazo.

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  3. Leyéndote, no puedo evitar dejar escapar una suave sonrisa, pues que compartas tus pensamientos y emociones sobre tus vivencias personales me resulta tan valeroso como enternecedor...Cada experiencia vivida es un pequeño tesoro que no muchos valoran, y casi nadie aprovecha lo bueno que traen. Para mí, las emociones que he sentido en cada una de mis vivencias, son la mayor recompensa a la que aspirar, pues cada una de ellas engrandece mi corazón y mi espíritu, y me ayudan a poder entender un poco mejor a los demás, lo que sienten, para así poder aprender unos de otros y alcanzar poco a poco la ansiada plenitud.
    Gracias por tus palabras, un beso^^

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