La inmortalidad es un capricho de la novelas, una tontería de los caudillos más nombrados de nuestra historia. La inmortalidad no es otra cosa que una enfermedad de la mente humana. Al igual que la existencia de un ente superior. Si existiera un dios, nos envidiaría. No hay nada especial en cada vivencia, si sabes que no morirás. No significa nada un beso, pues miles te volverán a dar. ¿Para qué luchar si tienes toda una eternidad?
Lo bonito, lo único, lo especial de ser mortal es que le damos significado a la palabra “ahora”. Corremos, luchamos, lloramos, sangramos, nos sacrificamos para que cada instante sea imperecedero, eterno. Gracias a la muerte, no tenemos al tiempo como sitiador de nuestras vidas. En realidad, nuestros castigadores somos nosotros. La capacidad de destruir la paz es una fuerza muy inmersiva del ser humano. Somos hermanos y creamos la palabras fratricida y la llevamos a la liza. Tenemos el don de la mortalidad y la encasillamos en el baúl de nuestros defectos.
“Aunque mucho sea tomado, mucho queda. Y aunque no tenemos ahora el vigor que antaño movía cielos y tierra, lo que somos, somos; un espíritu ecuánime de corazones heroicos, debilitados por el tiempo y el destino, pero fuerte en voluntad para combatir, buscar, encontrar y no ceder” Lord Alfred Tennyson.
El tiempo, medido por los segundos, los minutos, las horas y así, sucesivamente hasta llegar a los años, décadas, siglos, milenios,… El tiempo nos oxida, nos debilita como la gota incesante que amartilla sobre la roca, buscando el desgaste, la debilidad. El tiempo si es una hipérbole de la inmortalidad, pues nunca cambiará. Ante semejante rival, nuestra carne no puede hacer nada. Sin embargo, nuestro recuerdo, ligado a nuestra alma, puede vencer al olvido, el amante del tiempo. El recuerdo es el eco del ahora, es la onda que rebota por las paredes del mundo. Y el recuerdo, nuestra única herramienta para escapar al paso de la inmortalidad, iniciará sus andares cuando nuestro cuerpo sea sepultado hacia las fauces de la naturaleza.
"La clave para la inmortalidad es principalmente vivir una vida que valga la pena recordar”. Bruce Lee.
La vida es un laberinto y el amor un enigma, pero ambos son la muestra mortal de la inmortalidad. Ansía ser amado, vive perdiéndote en la vida, pero nunca busques lo imperecedero, él te buscará a ti.
De esta manera, doy cierre al 2012. Un año inolvidable como otro cualquiera, y es que lo especial de ser un cualquiera, es que ser recordado significa haber sido amado. Le quiero desear un 2013 pleno, un tormento, una calma, un adiós y un hola. Un año lleno de experiencias que conformen una mota de polvo en esta sucia vida que por gracia, nos ha tocado vivir.
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