Debemos luchar en contra del obstinado, en contra del embustero, del ladrón, del criminal, del represor de la libertad. Si decidimos no luchar por temer a perder ciertos bienes, no nos daremos cuenta que habremos perdido nuestro mayor poder, el poder de ser libres. No huyamos, porque al huir ciertamente viviremos un tiempo, pero recordemos que al final de la vida, en el lecho de nuestra muerte, no pasará ni un sólo segundo en el que deseemos volver a este día para poder cambiar el curso de nuestra historia.
Aunque la verdad te desangre, te desgarre, no cedas y lucha por aquello a lo que representas en sociedad y en la intimidad.
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